Hay una forma sutil de no estar en tu propia vida: pasarla entera imaginando el jardín del Edén 'del que vendrá'. Mientras tanto, las papas de tu huerto se pudren.

El futuro es necesario. Planificar tiene sentido. Soñar también. Pero hay una diferencia entre orientarse hacia el futuro y vivir en él de forma permanente, usando el presente solo como sala de espera.

La trampa del "cuando"

'Cuando tenga más dinero, seré feliz.' 'Cuando cambie de trabajo, descansaré.' 'Cuando los niños crezcan, tendré tiempo para mí.' Estas frases no son planes. Son aplazamientos. Y cada aplazamiento es un trozo de vida que no se vive.

El presente siempre es imperfecto. Siempre hay algo que mejorar, algo que falta, algo que podría ser de otra manera. Esperar a que todo esté perfecto para empezar a vivir es esperar para siempre.

Volver al huerto

Cuidar lo que tienes hoy no significa resignarse. Significa reconocer que la vida ocurre aquí, no allá. Que el huerto que tienes, aunque no sea el jardín que imaginabas, es el único que puedes regar ahora mismo. Y regarlo bien es, en sí mismo, una forma de felicidad.